Protección y preserva Copy

Robert Trivers en el año 1972 propuso la “Teoría de la inversión parental ” y fue el primero en destacar la relación inversa que hay entre el esfuerzo dedicado a buscar el apareamiento y a cuidar de los hijos.

Su teoría se basa en dos aspectos clave:

  1. Los machos presentan un potencial reproductor mayor que las hembras y tienden a invertir menos en el cuidado de los descendientes.
  2. La idea de que mientras una hembra está dedicándose al cuidado de un grupo de descendientes no puede producir un segundo grupo de descendientes.

Hay que considerar el siguiente concepto “esfuerzo reproductor ”, que es la cantidad de tiempo y recursos que un individuo dedica a la reproducción. El esfuerzo reproductor se divide en dos componentes: “esfuerzo por apareamientos ” o la inversión que un individuo invierte en la búsqueda de individuos del sexo opuesto para aparearse, y el “esfuerzo parental”, o lo que invierte en cuidar de sus descendientes (Soler, 2009).

El esfuerzo reproductor sería la suma de sus dos componentes: “Esfuerzo reproductor : esfuerzo por apareamientos+ esfuerzo parental”

Se puede deducir por tanto que si un individuo invierte más en el cuidado de sus descendientes dedica menos tiempo a la búsqueda de apareamientos y viceversa.

Se puede ver una diferencia muy clara entre sexos en cuanto al esfuerzo reproductor. Los machos invierten más en la búsqueda de apareamientos mientras que las hembras lo hacen en el cuidado de las crías.

La clave para entender los sistemas de apareamiento está en que en las especies monógamas, ambos sexos invierten en el cuidado de las crías mientras que en especies poligínicas, en las que el macho se aparea con varias hembras, éste dedica poco al cuidado de las hembras y prácticamente se dedica a la búsqueda de apareamientos.

  • Cuidados parentales

    Se pueden considerar como cuidados parentales los comportamientos de los padres que ayudan a aumentar la eficacia biológica de sus descendientes. Es decir, son aquellos comportamientos que aumentan las probabilidades de supervivencia y reproducción realizados por parte de los progenitores a sus crías.

    En la especie humana los cuidados parentales se prolongan mucho en el tiempo y son muy costosos, al igual que en la mayoría de los mamíferos. Pero no pasa lo mismo en el resto de animales. Los cuidados parentales son más frecuentes en mamíferos y en aves. Pero también se producen en otros animales, como peces, reptiles, etc.

    Los cuidados parentales pueden ser muy variados.

    Algunos de los cuidados parentales más importantes son:

    – Aporte de energía química, nutrientes y/o agua.
    – Aporte de calor.
    – Protección frente a depredadores o condiciones ambientales adversas.
    – Cuidado del nido o de los hijos.
    – Aprendizaje.

Evolución de los cuidados parentales

Se ha visto que los cuidados parentales aumentan las posibilidades de que la descendencia sobreviva y llegue a reproducirse, por lo que es importante saber por qué hay especies en las que se producen los cuidados parentales y otras en las que no.

La respuesta a por qué en unas especies han evolucionado los cuidados parentales y en otras no es muy genérica: no todas las especies se ven sometidas a las mismas presiones selectivas (Soler, 2009).

Se puede suponer que en las especies donde han evolucionado los cuidados parentales, los beneficios que suponen para la descendencia deben ser mayores que los costes de esos cuidados. La inversión que se dedica a los cuidados va a depender también de la relación entre los costes y los beneficios.

Se ha visto que, de manera generalizada, si el ambiente es favorable la intensidad y el número de cuidados parentales se reducen (Soler, 2009).

Aspectos importantes sobre los cuidados parentales

Cuidados parentales ofrecidos por los machos a las crías

Para que un macho ofrezca cuidados parentales debe existir la certeza de paternidad. Los cuidados parentales por parte del macho sólo va a evolucionar cuando se realicen realmente a favor de los propios hijos (Soler, 2009). El nivel de inversión que realiza un macho va a estar influenciado por su certeza de paternidad.

Conflicto entre los machos y las hembras por los cuidados parentales

Los cuidados parentales favorecen el éxito de los descendientes por lo que esto supone un aumento de la eficacia biológica tanto de los machos como de las hembras, con independencia de qué progenitor es el que aporta tales cuidados.

La selección natural favorece a los individuos que dejan mayor descendencia. La variedad del sexo que se encarga de cuidar a las crías es muy grande. En aves predominan los cuidados por parte de los dos sexos mientras que en peces es frecuente que sea el macho el encargado de los cuidados parentales.

Existen una serie de factores que predisponen a las hembras a ser las que realicen los cuidados parentales:

  • Factores biológicos y fisiológicos:
  • En las especies donde la fertilización es interna, el macho puede abandonar antes a la hembra.
  • En las especies con gestación interna, debido a que las crías se desarrollan en el interior de las hembras, éstas están más predispuestas a cuidar a las crías. El macho puede abandonar a la hembra y buscar a otras con las que aparearse.
  • Otros factores:
  • La certeza de paternidad es mayor en hembras que en machos.
  • Los machos pueden aparearse más rápido y tienen más que ganar con esos apareamientos.
  • Los costes de los cuidados son mayores para los machos mientras que los beneficios son mayores a la hembra.

Cuidados parentales en humanos

El cuidado parental se puede definir como el trato que los padres o progenitores ofrecen a sus hijos o descendientes. Se puede observar en los comportamientos de protección, cuidadi y sustento, que se llevan a cabo para satisfacer las necesidades de sus hijos principalmente en las primeras etapas de su desarrollo.

Los seres humanos, al igual que la mayoría de animales, también llevan a cabo cuidados parentales. Todos responderíamos a la pregunta de ¿por qué cuidamos a nuestros hijos? diciendo que porque les queremos. Desde un punto de vista biológico esta respuesta no sería suficiente.

El nacimiento de un hijo conlleva una serie de cambios neurohormonales que preparan a la madre a disfrutar del cuidado del hijo a pesar del gran esfuerzo que conlleva este cuidado para ellas.

En la siguiente tabla se muestran algunos de los cambios neuronales que se producen en el cerebro de la mujer y en el del hombre durante el final del embarazo y tras el parto que los predisponen a llevar a cabo los cuidados parentales (Soler, 2009):

Cambios neuronales en el cerebro de las mujeresCambios neuronales en el cerebro de los hombres
La dopamina aumenta debido al efecto del estrógeno y la oxitocina. Este aumento de los niveles de dopamina hace que aumente el sentimiento de placer y de recompensa en la mujer.Antes del parto, en los padres aumenta el nivel de prolactina, lo que contribuye a un mayor cariño por el bebé antes de que éste nazca.
La oxitocina liberada en grandes cantidades durante la lactancia contribuye a los sentimientos amorosos que las madres sienten hacia sus hijos, además de desencadenar los sentimientos de cuidado y protección del bebé.Aumenta el cortisol, que es una hormona relacionada con el estrés, haciendo que el padre se encuentre en estado de alerta, más sensible y preocupado por la seguridad de su hijo.
La lactancia materna refuerza la conducta maternal. Durante la lactancia se liberan grandes cantidades de dopamina, oxitocina y prolactina que hacen que la madre se sienta amada y vinculada a su bebé.Después del parto, en las primeras semanas, el nivel de testosterona disminuye y aumenta el nivel de estrógeno, favoreciendo que disminuya la necesidad de tener relaciones sexuales y aumentando la preocupación y el cariño por el bebé.
Dar de mamar disminuye la presión sanguínea por lo que tranquiliza, relaja y provoca un sentimiento de amor hacia el bebé.

Después de ver los cambios neuronales que se producen tanto en el cerebro de las mujeres como en el del hombre, antes y después del nacimiento de su hijo, se puede decir que el “querer a los hijos” es el resultado de un proceso evolutivo donde se han seleccionado adaptaciones tanto en padres como en las madres que favorecen el hecho de que ambos se impliquen en el cuidado.

Un ejemplo muy llamativo es el llanto del bebé, que despierta en la madre una respuesta fisiológica que hace que ésta vaya a atenderlo.

Leave a Comment